Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Pues una revista de modas, hijito, es una serie de figuras pintadas. Todas las semanas las reciben del extranjero nuestros sastres. Vienen por correo y sirven para saber cómo hay que vestir a las personas, tanto a las del sexo masculino como a las del sexo femenino. El caso es que son dibujos, ¿entiendes?
‑¡Dios mÃo, qué cosas se ven en este Piter! ‑exclamó el joven, entusiasmado‑. Excepto a Dios, aquà se encuentra todo.
‑Todo, excepto eso, amigo ‑terminó el mayor con acento sentencioso.
Raskolnikof se levantó y pasó a la habitación contigua, aquella en donde habÃa estado el arca, la cama y la cómoda. Sin muebles le pareció ridÃculamente pequeña. El papel de las paredes era el mismo. En un rincón se veÃa el lugar ocupado anteriormente por las imágenes santas. Después de echar una ojeada por toda la pieza, volvió a la ventana. El obrero de más edad se quedó mirándole.
‑¿Qué desea usted? ‑le preguntó de pronto.