Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Señor! ‑se lamentaba el cochero‑. ¡Bien sabe Dios que no he podido evitarlo! Si hubiese ido demasiado de prisa… , si no hubiese gritado… Pero iba poco a poco, a una marcha regular: todo el mundo lo ha visto. Y es que un hombre borracho no ve nada: esto lo sabemos todos. Lo veo cruzar la calle vacilando. Parece que va a caer. Le grito una vez, dos veces, tres veces. Después retengo los caballos, y él viene a caer precisamente bajo las herraduras. ¿Lo ha hecho expresamente o estaba borracho de verdad? Los caballos son jóvenes, espantadizos, y han echado a correr. Él ha empezado a gritar, y ellos se han lanzado a una carrera aún más desenfrenada. Asà ha ocurrido la desgracia.
‑Es verdad que el cochero ha gritado más de una vez y muy fuerte ‑dijo una voz.
‑Tres veces exactamente ‑dijo otro‑. Todo el mundo le ha oÃdo.
Por otra parte, el cochero no parecÃa muy preocupado por las consecuencias del accidente. El elegante coche pertenecÃa sin duda a un señor importante y rico que debÃa de estar esperándolo en alguna parte. Esta circunstancia habÃa provocado la solicitud de los agentes. Era preciso conducir al herido al hospital, pero nadie sabÃa su nombre.
Raskolnikof consiguió situarse en primer término. Se inclinó hacia delante y su rostro se iluminó súbitamente: habÃa reconocido a la vÃctima.