Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Incluso deslizó con disimulo unas monedas en la mano de uno de los agentes. Por otra parte, lo que él pedÃa era muy explicable y completamente legal. HabÃa que proceder rápidamente. Se levantó al herido y almas caritativas se ofrecieron para transportarlo. El edificio Kozel estaba a unos treinta pasos del lugar donde se habia producido el accidente. Raskolnikof cerraba la marcha e indicaba el camino, mientras sostenÃa la cabeza del herido con grandes precauciones.
‑¡Por aquÃ! ¡Por aquÃ! Hay que llevar mucho cuidado cuando subamos la escalera. Hemos de procurar que su cabeza se mantenga siempre alta. Viren un poco… ¡Eso es… ! ¡Yo pagaré… ! No soy un ingrato…
En esos momentos, Catalina Ivanovna se entregaba a su costumbre, como siempre que disponÃa de un momento libre, de ir y venir por su reducida habitación, con los brazos cruzados sobre el pecho, tosiendo y hablando en voz alta.