Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Y tus invitados… ? Oye, ¿quién es ese de cabello rizado que acaba de asomar la cabeza?
‑¿Ése? ¡Cualquiera sabe! Tal vez un amigo de mi tÃo… O alguien que ha venido sin invitación… Dejaré a los invitados con mi tÃo. Es un hombre extraordinario. Es una pena que no puedas conocerle… Además, ¡que se vayan todos al diablo! Ahora se burlan de mÃ. Necesito refrescarme. Has llegado oportunamente, querido. Si tardas diez minutos más, me pego con alguien, palabra de honor. ¡Qué cosas tan absurdas dicen! No te puedes imaginar lo que es capaz de inventar la mente humana. Pero ahora pienso que sà que te lo puedes imaginar. ¿Acaso no mentimos nosotros? Dejémoslos que mientan: no acabarán con las mentiras… Espera un momento: voy a traerte a Zosimof.
Zosimof se precipitó sobre Raskolnikof ávidamente. Su rostro expresaba una profunda curiosidad, pero esta expresión se desvaneció muy pronto.
‑Debe ir a acostarse inmediatamente ‑dijo, después de haber examinado a su paciente‑, y tomará usted, antes de irse a la cama, uno de estos sellos que le he preparado. ¿Lo tomará?
‑Como si quiere usted que tome dos.
El sello fue ingerido en el acto.