Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Pero ¿no lo ves? ¡Hay luz en mi habitación! ¿No la ves por la rendija?
Estaban en el penúltimo tramo, ante la puerta de la patrona, y desde allà se podÃa ver, en efecto, que en la habitación de Raskolnikof habÃa luz.
‑¡Qué raro! ¿Será Nastasia? ‑dijo Rasumikhine.
‑Nunca sube a mi habitación a estas horas. Seguro que hace ya un buen rato que está durmiendo… Pero no me importa lo más mÃnimo. Adiós; buenas noches.
‑¿Cómo se te ha ocurrido que pueda dejarte? Te acompañaré hasta tu habitación. Entraremos juntos.
‑Eso ya lo sé. Pero quiero estrecharte aquà la mano y decirte adiós. Vamos, dame la mano y digámonos adiós.
‑Pero ¿qué demonios te pasa, Rodia?
‑Nada. Vamos. Lo verás por tus propios ojos.
Empezaron a subir los últimos escalones, mientras Rasumikhine no podÃa menos de pensar que Zosimof tenÃa tal vez razón.
«A lo mejor, lo he trastornado con mi charla», se dijo.
Ya estaban cerca de la puerta, cuando, de súbito, oyeron voces en la habitación.