Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Con eso no hará sino empeorar las cosas ‑respondió Rasumikhine, también en voz baja y fuera de sÃ‑. Salgamos a la escalera. Nastasia, alúmbranos. Le juro ‑continuó a media voz cuando hubieron salido‑ que ha estado a punto de pegarnos al doctor y a mÃ. ¿Comprende usted? ¡Incluso al doctor! Éste ha cedido por no irritarle, y se ha marchado. Yo me he ido al piso de abajo, a fin de vigilarle desde allÃ. Pero él ha procedido con gran habilidad y ha logrado salir sin que yo le viese. Y si ahora se empeña usted en seguir irritándole, se irá igualmente, o intentará suicidarse.
‑¡Oh! ¿Qué dice usted?
‑Por otra parte, Avdotia Romanovna no puede permanecer sola en ese fonducho donde se hospedan ustedes. Piense que están en uno de los lugares más bajos de la ciudad. Ese bribón de Piotr Petrovitch podÃa haberles buscado un alojamiento más conveniente… ¡Ah! Estoy un poco achispado, ¿sabe? Por eso empleo palabras demasiado… expresivas. No haga usted demasiado caso.
‑Iré a ver a la patrona ‑dijo Pulqueria Alejandrovna‑ y le suplicaré que nos dé a Dunia y a mà un rincón cualquiera para pasar la noche. No puedo dejarlo asÃ, no puedo.