Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Con estas palabras, dichas en un tono significativo, dio por terminada su visita. Acto seguido se levantó, se despidió con una mezcla de circunspección y cordialidad y se retiró acompañado de un raudal de bendiciones, acciones de gracias y efusivas manifestaciones de gratitud. Avdotia Romanovna incluso le tendió su delicada mano, sin que él hubiera hecho nada por provocar este gesto, y el doctor salió, encantado de la visita y más encantado aún de sí mismo.
‑Mañana hablaremos. Ahora acuéstense inmediatamente ‑ordenó Rasumikhine mientras se iba con Zosimof‑. Mañana, a primera hora, vendré a darles noticias.
‑¡Qué encantadora muchacha esa Avdotia Romanovna! ‑dijo calurosamente Zosimof cuando estuvieron en la calle.
Al oír esto, Rasumikhine se arrojó repentinamente sobre Zosimof y le atenazó el cuello con las manos.
‑¿Encantadora? ¿Has dicho encantadora? Como te atrevas a… ¿Comprendes… ? ¿Comprendes lo que quiero decir… ? ¿Me has entendido… ?
Y lo echó contra la pared, sin dejar de zarandearle.
‑¡Déjame demonio… ! ¡Maldito borracho! ‑gritó Zosimof debatiéndose.