Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Te aseguro que no te ocasionará ninguna molestia. Lo único que tienes que hacer es hablarle, sea de lo que sea: te sientas a su lado y hablas. Como eres médico, puedes empezar por curarla de una enfermedad cualquiera. Te juro que no te arrepentirás… Esa mujer tiene un clavicordio. Yo sé un poco de música y conozco esa cancioncilla rusa que dice «Derramo lágrimas amargas». Ella adora las canciones sentimentales. Asà empezó la cosa. Tú eres un maestro del teclado, un Rubinstein. Te aseguro que no te arrepentirás.
‑Pero oye: ¿le has hecho alguna promesa… ?, ¿le has firmado algún papel… ?, ¿le has propuesto el matrimonio?
‑Nada de eso, nada en absoluto… No, esa mujer no es lo que tú crees. Porque Tchebarof ha intentado…
‑Entonces, la plantas y en paz.
‑Imposible.
‑¿Por qué?
‑Pues… porque es imposible, sencillamente… Uno se siente atado, ¿no comprendes?
‑Lo que no entiendo es tu empeño en atraértela, en ligarla a ti.