Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Yo no he intentado tal cosa, ni mucho menos. Es ella la que me ha puesto las ligaduras, aprovechándose de mi estupidez. Sin embargo, le da lo mismo que el ligado sea yo o seas tú: el caso es tener a su lado un pretendiente… Es… es… No sé cómo explicarte… Mira; yo sé que tú dominas las matemáticas. Pues bien; háblale del cálculo integral. Te doy mi palabra de que no lo digo en broma; te juro que el tema le es indiferente. Ella te mirará y suspirará. Yo le he estado hablando durante dos dÃas del Parlamento prusiano (llega un momento en que no sabe uno de qué hablarle), y lo único que ella hacÃa era suspirar y sudar. Pero no le hables de amor, pues podrÃa acometerla una crisis de timidez. LimÃtate a hacerle creer que no puedes separarte de ella. Esto será suficiente… Estarás como en tu casa, exactamente como en tu casa; leerás, te echarás, escribirás… Incluso podrás arriesgarte a darle un beso… , pero un beso discreto.
‑Pero ¿a santo de qué he de hacer yo todo eso?