Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Mamá, estás pálida. Cálmate ‑le dijo Dunia, acariciándola‑. Te atormentas en balde, pues para él será una gran alegrÃa volverte a ver ‑añadió con ojos resplandecientes.
‑Iré yo delante ‑dijo Rasumikhine‑, para asegurarme de que está despierto.
Las dos damas subieron lentamente detrás de Rasumikhine. Cuando llegaron al cuarto piso advirtieron que la puerta del departamento de la patrona estaba entreabierta y que a través de la abertura, desde la sombra, las miraban dos ojos negros. Cuando estos ojos se encontraron con los de ellas, la puerta se cerró tan ruidosamente, que Pulqueria Alejandrovna estuvo a punto de lanzar un grito de terror.