Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑SÃ, todo eso es muy enojoso ‑dijo Raskolnikof en un tono tan distraÃdo e indiferente, que Dunetchka le miró sorprendida‑. ¿Qué otra cosa querÃa deciros? ‑continuó, esforzándose por recordar‑. ¡Ah, si! No creas, mamá, ni tú, Dunetchka, que yo no querÃa ir a veros sin que antes vinierais vosotras.
‑¡Qué ocurrencia, Rodia! ‑exclamó Pulqueria Alejandrovna, asombrada.
«Nos habla como por pura cortesÃa ‑pensó Dunetchka‑. Hace las paces y presenta sus excusas como si cumpliera una simple formalidad o dijese una lección aprendida de memoria.»
‑Acabo de levantarme y me preparaba para ir a veros, pero el estado de mi traje me lo ha impedido. Ayer me olvidé de decir a Nastasia que limpiara las manchas de sangre, y ahora mismo acabo de vestirme.
‑¿Manchas de sangre? ‑preguntó Pulqueria Alejandrovna, aterrada.
‑No tiene importancia, mamá; no te alarmes. Ayer, cuando salà de aquà delirando, me encontré de pronto ante un hombre que acababa de ser vÃctima de un atropello… Un funcionario. Por eso mis ropas estaban manchadas de sangre.
‑¿Cuando estabas delirando? ‑dijo Rasumikhine‑. Pues te acuerdas de todo.