Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Oh, no! Es verdaderamente un hombre despiadado. No puedo imaginarme nada más horrible ‑repuso la joven con un ligero estremecimiento.
Luego frunció las cejas y quedó absorta.
‑La escena tuvo lugar por la mañana ‑prosiguió precipitadamente Pulqueria Alejandrovna‑. Después, Marfa Petrovna ordenó que le preparasen el coche, a fin de trasladarse a la ciudad después de comer, como hacía siempre en estos casos. Dicen que comió con excelente apetito.
‑¿A pesar de los golpes?
‑Ya se iba acostumbrando… Apenas terminó de comer, fue a bañarse; así se podría marchar en seguida… Seguía un tratamiento hidroterápico. En la finca hay un manantial de agua fría y ella se bañaba en él todos los días con regularidad. Apenas entró en el agua, sufrió un ataque de apoplejía.
‑No es nada extraño ‑observó Zosimof.
‑¿Y dices que la paliza había sido brutal?
‑Eso no influyó ‑dijo Dunia.
Raskolnikof exclamó, súbitamente irritado:
‑No sé, mamá, por qué nos has contado todas esas tonterías.
‑Es que no sabía de qué hablar, hijo mío ‑se le escapó decir a Pulqueria Alejandrovna.