Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Haré todo lo posible por… No, no faltaré ‑repuso Raskolnikof, levantándose y tartamudeando también‑. Tenga la bondad de sentarse ‑dijo de pronto‑. He de hablarle, si me lo permite. Ya veo que tiene usted prisa, pero le ruego que me conceda dos minutos.
Le acercó la silla, y Sonia se volvió a sentar. De nuevo la joven dirigió una mirada llena de angustiosa timidez a las dos señoras y seguidamente bajó los ojos. El pálido rostro de Raskolnikof se habÃa teñido de púrpura. Sus facciones se habÃan contraÃdo y sus ojos llameaban.
‑Mamá ‑dijo con voz firme y vibrante‑, es Sonia Simonovna Marmeladova, la hija de ese infortunado señor Marmeladof que ayer fue atropellado por un coche… Ya os he contado…
Pulqueria Alejandrovna miró a Sonia, entornando levemente los ojos con un gesto despectivo. A pesar del temor que le inspiraba la mirada fija y retadora de su hijo, no pudo privarse de esta satisfacción. Dunetchka se volvió hacia la pobre muchacha y la observó con grave estupor.
Al oÃr que Raskolnikof la presentaba, Sonia levantó los ojos, logrando tan sólo que su turbación aumentase.