Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Has tenido una gran idea, querido, una gran idea ‑dijo varias veces‑. Y créeme que me alegro, que me alegro de veras.
«¿Por qué se ha de alegrar?», se preguntó Raskolnikof.
‑No sabÃa que tú también empeñabas cosas en casa de la vieja. ¿Hace mucho tiempo de eso? Quiero decir que si hace mucho tiempo que has estado en esa casa por última vez.
«Es muy listo, pero también muy ingenuo», se dijo Raskolnikof.
‑¿Cuándo estuve por última vez? ‑preguntó, deteniéndose como para recordar mejor‑. Me parece que fue tres dÃas antes del crimen… Te advierto que no quiero recoger los objetos en seguida ‑se apresuró a aclarar, como si este punto le preocupara especialmente‑, pues no me queda más que un rublo después del maldito «desvarÃo» de ayer.
Y subrayó de un modo especial la palabra «desvarÃo».
‑¡Comprendido, comprendido! ‑exclamó con vehemencia Rasumikhine y sin que se pudiera saber exactamente qué era lo que comprendÃa con tanto entusiasmo‑. Esto explica que te mostraras entonces tan… impresionado… E incluso en tu delirio nombrabas sortijas y cadenas… Todo aclarado; ya se ha aclarado todo…