Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Ya estás aqu� ‑exclamó, furiosa‑. ¿Ya has vuelto? ¿Dónde está el dinero? ¡Canalla, monstruo! ¿Qué te queda en los bolsillos? ¡Éste no es el traje! ¿Qué has hecho de él? ¿Dónde está el dinero? ¡Habla!
Empezó a registrarle ávidamente. Marmeladof abrió al punto los brazos, dócilmente, para facilitar la tarea de buscar en sus bolsillos. No llevaba encima ni un kopek.
‑¿Dónde está el dinero? ‑siguió vociferando la mujer‑. ¡Señor! ¿Es posible que se lo haya bebido todo? ¡Quedaban doce rublos en el baúl!
En un arrebato de ira, cogió a su marido por los cabellos y le obligó a entrar a fuerza de tirones. Marmeladof procuraba aminorar su esfuerzo arrastrándose humildemente tras ella, de rodillas.
‑¡Es un placer para mÃ, no un dolor! ¡Un placer, amigo mÃo! ‑exclamaba mientras su mujer le tiraba del pelo y lo sacudÃa.
Al fin su frente fue a dar contra el entarimado. La niña que dormÃa en el suelo se despertó y rompió a llorar. El niño, de pie en su rincón, no pudo soportar la escena: de nuevo empezó a temblar, a gritar, y se arrojó en brazos de su hermana, convulso y aterrado. La niña mayor temblaba como una hoja.