Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Todos estos pensamientos atravesaron la mente de Raskolnikof con velocidad cósmica.
Porfirio Petrovitch llegó momentos después. Parecía de mejor humor.
‑Todavía me duele la cabeza. Consecuencia de los excesos de anoche en tu casa ‑dijo a Rasumikhine alegremente, tono muy distinto del que había empleado hasta entonces‑. Aún estoy algo trastornado.
‑¿Resultó interesante la velada? Os dejé en el mejor momento. ¿Para quién fue la victoria?
‑Para nadie. Finalmente salieron a relucir los temas eternos.
‑Imagínate, Rodia, que la disputa había desembocado en esta cuestión: ¿existe el crimen… ? Ya puedes suponer las tonterías que se dijeron.
‑Yo no veo nada de extraordinario en ello ‑repuso Raskolnikof distraídamente‑. Es una simple cuestión de sociología.
‑La cuestión no se planteó en ese aspecto ‑observó Porfirio.