Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡Siempre con tus burlas! ‑exclamó Rasumikhine con un tono de desaliento‑. No vale la pena hablar contigo. Te advierto, Rodia, que todo esto lo hace expresamente. Tú todavÃa no le conoces. Ayer sólo expuso su parecer para mofarse de todos. ¡Qué cosas dijo, Señor! ¡Y ellos encantados de tenerlo en la reunión… ! Es capaz de estar haciendo este juego durante dos semanas enteras. El año pasado nos aseguró que iba a ingresar en un convento y estuvo afirmándolo durante dos meses. Últimamente se imaginó que iba a casarse y que todo estaba ya listo para la boda. Incluso se hizo un traje nuevo. Nosotros empezamos a creerlo y a felicitarle. Y resultó que la novia no existÃa y que todo era pura invención.
‑Estás equivocado. Primero me hice el traje y entonces se me ocurrió la idea de gastaros la broma.
‑¿De verdad es usted tan comediante? ‑preguntó con cierta indiferencia Raskolnikof.
‑Le parece mentira, ¿verdad? Pues espere, que con usted voy a hacer lo mismo. ¡Ja, ja, ja… ! No, no; le voy a decir la verdad. A propósito de todas esas historias de crÃmenes, de medios, de jovencitas, recuerdo un articulo de usted que me interesó y me sigue interesando. Se titulaba… creo que «El crimen», pero la verdad es que de esto no estoy seguro. Me recreé leyéndolo en La Palabra Periódica hace dos meses.