Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Dos pintores? Pues no, no los vi ‑repuso Raskolnikof, fingiendo escudriñar en su memoria, mientras ponÃa todo su empeño en descubrir la trampa que se ocultaba en aquellas palabras‑. No, no los vi. Y tampoco advertà que hubiese ninguna puerta abierta… Lo que recuerdo es que en el cuarto piso ‑continuó en tono triunfante, pues estaba seguro de haber sorteado el peligro‑ habÃa un funcionario que estaba de mudanza… , precisamente el de la puerta que está frente a la de Alena Ivanovna… SÃ, lo recuerdo perfectamente. Por cierto que unos soldados que transportaban un sofá me arrojaron contra la pared… Pero a los pintores no recuerdo haberlos visto. Y tampoco ningún departamento con la puerta abierta… No, no habÃa ninguna abierta.
‑Pero ¿qué significa esto? ‑dijo Rasumikhine a Porfirio, comprendiendo de súbito las intenciones del juez de instrucción‑. Los pintores trabajaban allà el dÃa del suceso y él estuvo en la casa tres dÃas antes. ¿Por qué le haces estas preguntas?
‑¡Pues es verdad! ¡Qué cabeza la mÃa! ‑exclamó Porfirio golpeándose la frente‑. Este asunto acabará volviéndome loco ‑dijo en son de excusa dirigiéndose a Raskolnikof‑. Es tan importante para nosotros saber si alguien vio allÃ, entre siete y ocho, a esos pintores, que me ha parecido que usted podrÃa facilitarnos este dato. Ha sido una confusión.