Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Al pronunciar estas palabras, Svidrigailof volvió a echarse a reÃr. Raskolnikof comprendió que aquel hombre obraba con arreglo a un plan bien elaborado y que era un perillán de clase fina.
‑Debe usted de llevar varios dÃas sin hablar con nadie, ¿verdad? ‑preguntó el joven.
‑Algo de eso hay. Pero dÃgame: ¿no le extraña a usted mi buen carácter?
‑No, de lo que estoy asombrado es de que tenga usted demasiado buen carácter.