Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No lo crea ‑respondió con toda calma Svidrigailof‑. En lo que concierne a Marfa Petrovna, no disputaba casi nunca con ella. VivÃamos en perfecta armonÃa, y ella estaba satisfecha de mÃ. Sólo dos veces usé el látigo durante nuestros siete años de vida en común (dejando aparte un tercer caso bastante dudoso). La primera vez fue a los dos meses de casarnos, cuando llegamos a nuestra hacienda, y la segunda, en el caso que acabo de mencionar… Y usted me considera un monstruo, ¿no?, un retrógrado, un partidario de la esclavitud… A propósito, Rodion Romanovitch, ¿recuerda usted que hace algunos años, en el tiempo de nuestras felices asambleas municipales, se cubrió de oprobio a un terrateniente, cuyo nombre no recuerdo, culpable de haber azotado a una extranjera en un vagón de ferrocarril? ¿Se acuerda? Me parece que fue el mismo año en que se produjo «el más horrible incidente del siglo». Es decir, Las noches egipcias, las conferencias, ¿recuerda… ? ¡Los ojos negros… ! ¡Oh, tiempos maravillosos de nuestra juventud!, ¿dónde estáis… ? Pues bien, he aquà mi opinión. Yo critico severamente a ese señor que fustigó a la extranjera, pues es un acto inicuo que uno no puede menos de censurar. Pero también debo decirle que algunas de esas extranjeras le soliviantan a uno de tal modo, que ni el hombre de ideas más avanzadas puede responder de sus actos. Nadie ha examinado la cuestión en este aspecto, pero estoy seguro de que ello es un error, pues mi punto de vista es perfectamente humano.