Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Sin embargo, a mà no me preocupa la opinión ajena ‑repuso Svidrigailof en un tono seco y un tanto altivo‑. Por otra parte, ¿por qué no adoptar los modales de una persona mal educada en un paÃs donde esto tiene tantas ventajas, y sobre todo cuando uno se siente inclinado por temperamento a la mala educación? ‑terminó entre risas.
‑Pues yo he oÃdo decir que usted tiene aquà muchos conocidos y que no es eso que llaman «un hombre sin relaciones». Si no persigue usted ningún fin, ¿a qué ha venido a mi casa?