Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Marfa Petrovna tiene la atención de venir a visitarme ‑respondió torciendo la boca en una sonrisa indefinible.
‑¿Es posible?
‑Se me ha aparecido ya tres veces. La primera fue el mismo día de su entierro, o sea la víspera de mi salida para Petersburgo. La segunda, hace dos días, durante mi viaje, en la estación de Malaia Vichera, al amanecer, y la tercera, hace apenas dos horas, en la habitación en que me hospedo. Estaba solo.
‑¿Despierto?
‑Completamente despierto las tres veces. Aparece, me habla unos momentos y se va por la puerta, siempre por la puerta. Incluso me parece oírla marcharse.
‑¿Por qué tendría yo la sensación de que habían de ocurrirle estas cosas? ‑dijo de súbito Raskolnikof, asombrándose de sus palabras apenas las habia pronunciado. Estaba extraordinariamente emocionado.
‑¿De veras ha pensado usted eso? ‑exclamó Svidrigailof, sorprendido‑. ¿De veras? ¡Ah! Ya decía yo que entre nosotros existía cierta afinidad.
‑Usted no ha dicho eso ‑replicó ásperamente Raskolnikof.
‑¿No lo he dicho?
‑No.