Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No, de ningún modo puedo creer eso ‑dijo Raskolnikof con cierta irritación.
‑La gente ‑murmuró Svidrigailof como si hablara consigo mismo, inclinando la cabeza y mirando de reojo‑ suele decir: «Estás enfermo. Por lo tanto, todo eso que ves son alucinaciones.» Esto no es razonar con lógica rigurosa. Admito que las apariciones sólo las vean los enfermos; pero esto sólo demuestra que hay que estar enfermo para verlas, no que las apariciones no existan.
‑Estoy seguro de que no existen ‑exclamó Raskolnikof con energÃa.
‑¿Usted cree?
Observó al joven largamente. Después siguió diciendo: