Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Bien, pero no me negará usted que se puede razonar como yo voy a hacerlo… Le ruego que me ayude… Las apariciones son algo asà como fragmentos de otros mundos… , sus ambiciones. Un hombre sano no tiene motivo alguno para verlas, ya que es, ante todo, un hombre terrestre, es decir, material. Por lo tanto, sólo debe vivir para participar en el orden de la vida de aquà abajo. Pero, apenas se pone enfermo, apenas empieza a alterarse el orden normal, terrestre, de su organismo, la posible acción de otro mundo comienza a manifestarse en él, y a medida que se agrava su enfermedad, las relaciones con ese otro mundo se van estrechando, progresión que continúa hasta que la muerte le permite entrar de lleno en él. Si usted cree en una vida futura, nada le impide admitir este razonamiento.
‑Yo no creo en la vida futura ‑replicó Raskolnikof.
Svidrigailof estaba ensimismado.
‑¿Y si no hubiera allà más que arañas y otras cosas parecidas? ‑preguntó de pronto.
«Está loco», pensó Raskolnikof.