Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Cree usted acaso que obro impulsado por el interés? Puede estar tranquilo, Rodion Romanovitch: si fuera asÃ, lo disimularÃa. No me crea tan imbécil. Respecto a este particular, voy a descubrirle una rareza psicológica. Hace un momento, al excusarme de haber amado a su hermana, le he dicho que yo habÃa sido en este caso la primera victima. Pues bien, le confieso que ahora no siento ningún amor por ella, lo cual me causa verdadero asombro, al recordar lo mucho que la amé.
‑Lo que usted sintió -dijo Raskolnikof‑ fue un capricho de hombre libertino y ocioso.
‑Ciertamente soy un hombre ocioso y libertino; pero su hermana posee tan poderosos atractivos, que no es nada extraño que yo no pudiera desistir. Sin embargo, todo aquello no fue más que una nube de verano, como ahora he podido ver.
‑¿Hace mucho que se ha dado cuenta de eso?
‑Ya hace tiempo que lo sospechaba, pero no me convencà hasta anteayer, en el momento de mi llegada a Petersburgo. Sin embargo, ya habia llegado el tren a Moscú, y aún tenÃa el convencimiento de que venÃa aquà con objeto de desbancar a Lujine y obtener la mano de Avdotia Romanovna.
‑Perdone, pero ¿no podrÃa usted abreviar y explicarme el objeto de su visita? Tengo cosas urgentes que hacer.