Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑SÃ, lo he podido observar perfectamente.
‑¿De veras lo has podido examinar bien? ‑insistió Raskolnikof.
‑SÃ, recuerdo todos sus rasgos. ReconocerÃa a ese hombre entre mil, pues tengo buena memoria para las fisonomÃas.
Callaron nuevamente.
‑Oye ‑murmuró Raskolnikof‑, ¿sabes que… ? Mira, estaba pensando que… ¿no habrá sido todo una ilusión?
‑Pero ¿qué dices? No lo entiendo.
Raskolnikof torció la boca en una sonrisa.
‑Te lo diré claramente. Todos creeréis que me he vuelto loco, y a mà me parece que tal vez es verdad, que he perdido la razón y que, por lo tanto, lo que he visto ha sido un espectro.
‑Pero ¿qué disparates estás diciendo?
‑SÃ, tal vez esté loco y todos los acontecimientos de estos últimos dÃas sólo hayan ocurrido en mi imaginación.
‑¡A ti te ha trastornado ese hombre, Rodia! ¿Qué te ha dicho? ¿Qué querÃa de ti?
Raskolnikof no le contestó. Rasumikhine reflexionó un instante.