Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Hubo un nuevo silencio. Raskolnikof se encerraba en un obstinado mutismo. Avdotia Romanovna juzgaba que en aquellas circunstancias no le correspondÃa a ella romper el silencio. Rasumikhine no tenÃa nada que decir. En consecuencia, fue Pulqueria Alejandrovna la que tuvo que reanudar la conversación.
‑¿Sabe usted que ha muerto Marfa Petrovna? ‑preguntó, echando mano de su supremo recurso.
‑¿Cómo no? Me lo comunicaron en seguida. Es más, puedo informarla a usted de que Arcadio Ivanovitch Svidrigailof partió para Petersburgo inmediatamente después del entierro de su esposa. Lo sé de buena tinta.
‑¿Cómo? ¿Ha venido a Petersburgo? ‑exclamó Dunetchka, alarmada y cambiando una mirada con su madre.
‑Lo que usted oye. Y, dada la precipitación de este viaje y las circunstancias que lo han precedido, hay que suponer que abriga alguna intención oculta.
‑¡Señor! ¿Es posible que venga a molestar a Dunetchka hasta aqu�
‑Mi opinión es que no tienen ustedes motivo para inquietarse demasiado, ya que eludirán toda clase de relaciones con él. En lo que a mà concierne, estoy ojo avizor y pronto sabré adónde ha ido a parar.