Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑He sido exclusivamente yo la que ha decidido que no se tuviera en cuenta su deseo de que mi hermano no asistiera a esta reunión ‑dijo Dunia‑. Usted nos dice en su carta que él le ha insultado, y yo creo que hay que poner en claro esta acusación lo antes posible, con objeto de reconciliarlos. Si Rodia le ha ofendido realmente, debe excusarse y lo hará.
Al oÃr estas palabras, Piotr Petrovitch se creció.
‑Las ofensas que he recibido, Avdotia Romanovna, son de las que no se pueden olvidar, por mucho empeño que uno ponga en ello. En todas las cosas hay un lÃmite que no se debe franquear, pues, una vez al otro lado, la vuelta atrás es imposible.
‑Usted no ha comprendido mi intención, Piotr Petrovitch ‑replicó Dunia, con cierta impaciencia‑. Entiéndame. Todo nuestro porvenir depende de la inmediata respuesta de esta pregunta: ¿pueden arreglarse las cosas o no se pueden arreglar? He de decirle con toda franqueza que no puedo considerar la cuestión de otro modo y que, si siente usted algún afecto por mÃ, debe comprender que es preciso que este asunto quede resuelto hoy mismo, por difÃcil que ello pueda parecer.