Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿De modo que conocÃa usted a Lisbeth, esa vendedora que iba por las casas?
‑SÃ. ¿Usted también la conocÃa? ‑preguntó Sonia con cierto asombro.
‑Catalina Ivanovna está en el último grado de la tisis, y se morirá, se morirá muy pronto ‑dijo Raskolnikof tras una pausa y sin contestar a la pregunta de Sonia.
‑¡Oh, no, no!
Sonia le habÃa cogido las manos, sin darse cuenta de lo que hacÃa, y parecÃa suplicarle que evitara aquella desgracia.
‑Lo mejor es que muera ‑dijo Raskolnikof.
‑¡No, no! ¿Cómo va a ser mejor? ‑exclamó Sonia, trastornada, llena de espanto.
‑¿Y los niños? ¿Qué hará usted con ellos? No se los va a traer aquÃ.
‑¡No sé lo que haré! ¡No sé lo que haré! ‑exclamó, desesperada, oprimiéndose las sienes con las manos.
Sin duda este pensamiento la habÃa atormentado con frecuencia, y Raskolnikof lo habÃa despertado con sus preguntas.
‑Y si usted se pone enferma, incluso viviendo Catalina Ivanovna, y se la llevan al hospital, ¿qué sucederá? ‑siguió preguntando despiadadamente.