Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Sí.
‑Y no lo ha conseguido, claro. Es muy natural. No hace falta preguntar el motivo.
Y continuó sus paseos por la habitación. Hubo otro minuto de silencio.
‑¿Es que no gana usted dinero todos los días? ‑preguntó Rodia.
Sonia se turbó más todavía y enrojeció.
‑No ‑murmuró con un esfuerzo doloroso.
‑La misma suerte espera a Poletchka ‑dijo Raskolnikof de pronto.
‑¡No, no! ¡Eso es imposible! ‑exclamó Sonia.
Fue un grito de desesperación. Las palabras de Raskolnikof la habían herido como una cuchillada.
‑¡Dios no permitirá una abominación semejante!
‑Permite otras muchas.
‑¡No, no! ¡Dios la protegerá! ¡A ella la protegerá! ‑gritó Sonia fuera de sí.
‑Tal vez no exista ‑replicó Raskolnikof con una especie de crueldad triunfante.
Seguidamente se echó a reír y la miró.