Crimen y Castigo
Crimen y Castigo «Pero ¿es esto posible? ‑siguió reflexionando‑. ¿Es posible que esta criatura que ha conservado la pureza de alma termine por hundirse a sabiendas en ese abismo horrible y hediondo? ¿No será que este hundimiento ha empezado ya, que ella ha podido soportar hasta ahora semejante vida porque el vicio ya no le repugna… ? No, no; esto es imposible ‑exclamó mentalmente, repitiendo el grito lanzado por Sonia hacÃa un momento‑: lo que hasta ahora le ha impedido arrojarse al canal ha sido el temor de cometer un pecado, y también esa familia… Parece que no se ha vuelto loca, pero ¿quién puede asegurar que esto no es simple apariencia? ¿Puede estar en su juicio? ¿Puede una persona hablar como habla ella sin estar loca? ¿Puede una mujer conservar la calma sabiendo que va a su perdición, y asomarse a ese abismo pestilente sin hacer caso cuando se habla del peligro? ¿No esperará un milagro… ? SÃ, seguramente. Y todo esto, ¿no son pruebas de enajenación mental?»
Se aferró obstinadamente a esta última idea. Esta solución le complacÃa más que ninguna otra. Empezó a examinar a Sonia atentamente.
‑¿Rezas mucho, Sonia? ‑le preguntó.
La muchacha guardó silencio. Él, de pie a su lado, esperaba una respuesta.
‑¿Qué habrÃa sido de mà sin la ayuda de Dios?