Crimen y Castigo
Crimen y Castigo SeguÃa expresándose con precipitación. Un momento después, mientras hablaban de otras cosas, lo guardó en un cajón de la mesa.
‑Me parece ‑dijo Raskolnikof‑ que ayer mostró usted deseos de interrogarme… oficialmente… sobre mis relaciones con la mujer asesinada…
«¿Por qué habré dicho "me parece"?»
Esta idea atravesó su mente como un relámpago.
«Pero ¿por qué me ha de inquietar tanto ese "me parece"?», se dijo acto seguido.
Y de súbito advirtió que su desconfianza, originada tan sólo por la presencia de Porfirio, a las dos palabras y a las dos miradas cambiadas con él, habÃa cobrado en dos minutos dimensiones desmesuradas. Esta disposición de ánimo era sumamente peligrosa. Raskolnikof se daba perfecta cuenta de ello. La tensión de sus nervios aumentaba, su agitación crecÃa…
« ¡Malo, malo! A ver si hago alguna tonterÃa.»