Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑No lo permitiré, no lo permitiré ‑repetÃa Rodia maquinalmente.
Sin embargo, habÃa bajado también la voz. Porfirio se volvió rápidamente y corrió a abrir la ventana.
‑Hay que airear la habitación. Y debe usted beber un poco de agua, amigo mÃo, pues está verdaderamente trastornado.
Ya se dirigÃa a la puerta para pedir el agua, cuando vio que habÃa una garrafa en un rincón.
‑Tenga, beba un poco ‑dijo, corriendo hacia él con la garrafa en la mano‑. Tal vez esto le…
El temor y la solicitud de Porfirio Petrovitch parecÃan tan sinceros, que Raskolnikof se quedó mirándole con viva curiosidad. Sin embargo, no quiso beber.
‑Rodion Romanovitch, mi querido amigo, se va usted a volver loco. ¡Beba, por favor! ¡Beba aunque sólo sea un sorbo!
Le puso a la fuerza el vaso en la mano. Raskolnikof se lo llevó a la boca y después, cuando se recobró, lo depositó en la mesa con un gesto de hastÃo.