Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Durante el ejercicio de mi profesión ‑continuó inmediatamente Porfirio Petrovitch‑, he tenido un caso análogo, un caso morboso. Un hombre se acusó de un asesinato que no habÃa cometido. Era juguete de una verdadera alucinación. ExponÃa hechos, los referÃa, confundÃa a todo el mundo. Y todo esto, ¿por qué? Porque indirectamente y sin conocimiento de causa habÃa facilitado la perpetración de un crimen. Cuando se dio cuenta de ello, se sintió tan apenado, se apoderó de él tal angustia, que se imaginó que era el asesino. Al fin, el Senado aclaró el asunto y el infeliz fue puesto en libertad, pero, de no haber intervenido el Senado, no habrÃa habido salvación para él. Pues bien, amigo mÃo, también a usted se le puede trastornar el juicio si pone sus nervios en tensión yendo a tirar del cordón de una campanilla al anochecer y haciendo preguntas sobre manchas de sangre… En la práctica de mi profesión me ha sido posible estudiar estos fenómenos psicológicos. Lo que nuestro hombre siente es un vértigo parecido al que impulsa a ciertas personas a arrojarse por una ventana o desde lo alto de un campanario; una especie de atracción irresistible; una enfermedad, Rodion Romanovitch, una enfermedad y nada más que una enfermedad. Usted descuida la suya demasiado. Debe consultar a un buen médico y no a ese tipo rollizo que lo visita… Usted delira a veces, y ese mal no tiene más origen que el delirio…