Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Algo parecido puede decirse de la visita de Rasumikhine. Si usted fuese el culpable, habrÃa dicho que él habÃa venido a mi casa por impulso propio y habrÃa ocultado que usted le habÃa incitado a hacerlo. Sin embargo, usted ha dicho que Rasumikhine vino a verme porque usted lo envió.
Raskolnikof se estremeció. El no habÃa hecho afirmación semejante.
‑Sigue usted mintiendo ‑dijo, esbozando una sonrisa de hastÃo y con voz lenta y débil‑. Usted quiere demostrarme que lee en mi pensamiento, que puede predecir todas mis respuestas ‑añadió, dándose cuenta de que ya era incapaz de medir sus palabras‑. Usted quiere asustarme; usted se está burlando de mÃ, sencillamente.
Mientras decÃa esto no apartaba la vista del juez de instrucción. De súbito, un terrible furor fulguró en sus ojos.
‑Está diciendo una mentira tras otra -exclamó‑. Usted sabe muy bien que la mejor táctica que puede seguir un culpable es sujetarse a la verdad tanto como sea posible… , declarar todo aquello que no pueda ocultarse. ¡No le creo a usted!