Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿No quiere ver la sorpresa que le he reservado? ‑le dijo Porfirio Petrovitch, con su irónica sonrisita y cogiéndole del brazo, cuando ya estaba ante la puerta. ParecÃa cada vez más alegre y burlón, y esto ponÃa a Raskolnikof fuera de sÃ.
‑¿Una sorpresa? ¿Qué sorpresa? ‑preguntó Rodia, fijando en el juez de instrucción una mirada llena de inquietud.
‑Una sorpresa que está detrás de esa puerta… ¡Je, je, je!
Señalaba la puerta cerrada que comunicaba con sus habitaciones.
‑Incluso la he encerrado bajo llave para que no se escape.
‑¿Qué demonios se trae usted entre manos?
Raskolnikof se acercó a la puerta y trató de abrirla, pero no le fue posible.
‑Está cerrada con llave y la llave la tengo yo -dijo Porfirio.
Y, en efecto, le mostró una llave que acababa de sacar del bolsillo.
‑No haces más que mentir -gruñó Raskolnikof sin poder dominarse‑. ¡Mientes, mientes, maldito polichinela!