Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Ha interrogado a Nicolás delante de ti?
‑Me ha hecho salir inmediatamente después de usted, y sólo entonces ha empezado a interrogar a Nicolás.
El visitante se inclinó otra vez hasta tocar el suelo.
‑Perdone mi denuncia y mi malicia.
‑Que Dios lo perdone ‑dijo Raskolnikof.
El visitante se volvió a inclinar; aunque ya no tan profundamente, y se fue a paso lento.
«Ya no hay más que pruebas de doble sentido», se dijo Raskolnikof, y salió de su habitación reconfortado.
«Ahora, a continuar la lucha» se dijo con una agria sonrisa mientras bajaba la escalera. Se detestaba a sí mismo y se sentía humillado por su pusilanimidad.