Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Usted no comprende nada, se lo repito. La situación de esa muchacha le autoriza a pensar asÃ, desde luego; pero no se trata de eso, no, de ningún modo. Usted la desprecia sin más ni más. Aferrándose a un hecho que le parece, erróneamente, despreciable, se niega a considerar humanamente a un ser humano. Usted no sabe cómo es esa joven. Lo que me contrarÃa es que en estos últimos tiempos ha dejado de leer. Ya no me pide libros, como hacÃa antes. También me disgusta que, a pesar de toda su energÃa y de todo el espÃritu de protesta que ha demostrado, dé todavÃa pruebas de cierta falta de resolución, de independencia, por decirlo asÃ; de negación, si quiere usted, que le impide romper con ciertos prejuicios… , con ciertas estupideces. Sin embargo, esa muchacha comprende perfectamente muchas cosas. Por ejemplo se ha dado exacta cuenta de lo que supone la costumbre de besar la mano, mediante la cual el hombre ofende a la mujer, puesto que le demuestra que no la considera igual a él. He debatido esta cuestión con mis compañeros y he expuesto a la chica los resultados del debate. También me escuchó atentamente cuando le hablé de las asociaciones obreras de Francia. Ahora le estoy explicando el problema de la entrada libre en las casas particulares en nuestra sociedad futura.
‑¿Qué es eso?