Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¡No, no, ni remotamente! Eso es incluso absurdo en cierto sentido. Yo sólo le hablé de un socorro temporal que se le entregaría por su condición de viuda de un funcionario muerto en servicio, y le advertí que tal socorro sólo podría recibirlo si contaba con influencias. Por otra parte, me parece que su difunto padre no solamente no había servido tiempo suficiente para tener derecho al retiro, sino que ni siquiera prestaba servicio en el momento de su muerte. En resumen, que uno siempre puede esperar, pero que en este caso la esperanza tendría poco fundamento pues no existe el derecho de percibir socorro alguno… ¡Y ella soñaba ya con una pensión! ¡Je, je, je! ¡Qué imaginación posee esa señora!
‑Sí, esperaba una pensión… , pues es muy buena y su bondad la lleva a creerlo todo… , y es… , sí, tiene usted razón… Con su permiso.
Sonia se dispuso a marcharse.
‑Un momento. No he terminado todavía.
‑¡Ah! Bien ‑balbuceó la joven.
‑Siéntese, haga el favor.
Sonia, desconcertada, se sentó una vez más.