Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Catalina Ivanovna se habÃa encargado personalmente de las compras ayudada por un inquilino de la casa, un polaco famélico que habitaba, sólo Dios sabÃa por qué, en el departamento de la señora Lipevechsel y que desde el primer momento se habÃa puesto a disposición de la viuda. Desde el dÃa anterior habÃa demostrado un celo extraordinario. A cada momento y por la cuestión más insignificante iba a ponerse a las órdenes de Catalina Ivanovna, y la perseguÃa hasta los Gostiny Dvor, llamándola pani comandanta. De aquà que, después de haber declarado que no habrÃa sabido qué hacer sin este hombre, Catalina Ivanovna acabara por no poder soportarlo. Esto le ocurrÃa con frecuencia: se entusiasmaba ante el primero que se presentaba a ella, lo adornaba con todas las cualidades imaginables, le atribuÃa mil méritos inexistentes, pero en los que ella creÃa de todo corazón, para sentirse de pronto desencantada y rechazar con palabras insultantes al mismo ante el cual se habÃa inclinado horas antes con la más viva admiración. Era de natural alegre y bondadoso, pero sus desventuras y la mala suerte que la perseguÃa le hacÃan desear tan furiosamente la paz y el bienestar, que el menor tropiezo la ponÃa fuera de sÃ, y entonces, a las esperanzas más brillantes y fantásticas sucedÃan las maldiciones, y desgarraba y destruÃa todo cuanto caÃa en sus manos, y terminaba por dar cabezadas en las paredes.