Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Amalia Feodorovna adquirió una súbita y extraordinaria importancia a los ojos de Catalina Ivanovna y el puesto que ocupaba en su estimación se amplió considerablemente, tal vez por el solo motivo de haberse entregado en alma y vida a la organización de la comida de funerales. Se habÃa encargado de poner la mesa, proporcionando la mantelerÃa, la vajilla y todo lo demás, amén de preparar los platos en su propia cocina.
Catalina Ivanovna le habÃa delegado sus poderes cuando tuvo que ir al cementerio, y Amalia Feodorovna se habÃa mostrado digna de esta confianza. La mesa estaba sin duda bastante bien puesta. Cierto que los platos, los vasos, los cuchillos, los tenedores no hacÃan juego, porque procedÃan de aquà y de allá; pero a la hora señalada todo estaba a punto, y Amalia Feodorovna, consciente de haber desempeñado sus funciones a la perfección, se pavoneaba con un vestido negro y un gorro adornado con flamantes cintas de luto. Y asà ataviada recibÃa a los invitados con una mezcla de satisfacción y orgullo.