Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Catalina Ivanovna se arrojó sobre él y lo sentó a su izquierda, ya que Amalia Ivanovna se había sentado a su derecha, e inmediatamente empezó a hablar con él en voz baja, a pesar del bullicio que había en la habitación y de sus preocupaciones de dueña de casa que quería ver bien servido a todo el mundo, y, además, pese a la tos que le desgarraba el pecho. Catalina Ivanovna confió a Raskolnikof su justa indignación ante el fracaso de la comida, indignación cortada a cada momento por las más incontenibles y mordaces burlas contra los invitados y especialmente contra la patrona.
‑La culpable de todo es esa detestable lechuza, de ella y sólo de ella. Ya sabe usted de quién hablo.
Catalina Ivanovna le indicó a la patrona con un movimiento de cabeza y continuó: