Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Usted, hombre vil, sà que es posible que se emborrache. Pero yo no bebo jamás ni una gota de vodka, porque mis principios me lo vedan… Sepan ustedes que ha sido él, él mismo, el que ha transmitido con sus propias manos el billete de cien rublos a Sonia Simonovna. Yo lo he visto, yo he sido testigo de este acto. Y estoy dispuesto a declarar bajo juramento. ¡El mismo, él mismo! ‑repitió Lebeziatnikof, dirigiéndose a todos.
‑¿Está usted loco? ‑exclamó Lujine‑. La misma interesada, aquà presente, acaba de afirmar ante testigos que sólo ha recibido de mi un billete de diez rublos. ¿Cómo puede usted decir que le he dado el otro billete?
‑¡Lo he visto, lo he visto! ‑repitió Lebeziatnikof‑. Y, aunque ello sea contrario a mis principios, estoy dispuesto a afirmarlo bajo juramento ante la justicia. Yo he visto cómo le introducÃa usted disimuladamente ese dinero en el bolsillo. En mi candidez, he creÃdo que lo hacÃa usted por caridad. En el momento en que usted le decÃa adiós en la puerta, mientras le tendÃa la mano derecha, ha deslizado con la izquierda en su bolsillo un papel. ¡Lo he visto, lo he visto!
Lujine palideció.