Crimen y Castigo
Crimen y Castigo Lebeziatnikof estaba rojo de indignación. Las exclamaciones más diversas surgieron de todos los rincones de la estancia. La mayorÃa de ellas eran de asombro, pero algunas fueron proferidas en un tono de amenaza. Los concurrentes se acercaron a Piotr Petrovitch y formaron un estrecho cÃrculo en torno de él. Catalina Ivanovna se arrojó sobre Lebeziatnikof.
‑¡Andrés Simonovitch, qué mal le conocÃa a usted! ¡Defiéndala! Es huérfana. Dios nos lo ha enviado, Andrés Simonovitch, mi querido amigo.
Y Catalina Ivanovna, en un arrebato casi inconsciente, se arrojó a los pies del joven.
‑¡Está loco! ‑exclamó Lujine, ciego de rabia‑. Todo son invenciones suyas… ¡Que si se habÃa olvidado y luego se ha vuelto a acordar… ! ¿Qué significa esto? Según usted, yo he puesto intencionadamente estos cien rublos en el bolsillo de esta señorita. Pero ¿por qué? ¿Con qué objeto?