Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Nada, Sonia. No te asustes… Es una tonterÃa… SÃ, basta pensar en ello un instante para ver que es una tonterÃa ‑murmuró como delirando‑. No sé por qué he venido a atormentarte ‑añadió, mirándola‑. En verdad, no lo sé. ¿Por qué? ¿Por qué? No ceso de hacerme esta pregunta, Sonia.
Tal vez se la habÃa hecho un cuarto de hora antes, pero en aquel momento su debilidad era tan extrema que apenas se daba cuenta de que existÃa. Un continuo temblor agitaba todo su cuerpo.
‑¡Cómo se atormenta usted! ‑se lamentó Sonia, mirándole.
‑No es nada, no es nada… He aquà lo que te querÃa decir…
Una sombra de sonrisa jugueteó unos segundos en sus labios.
‑¿Te acuerdas de lo que querÃa decirte ayer?
Sonia esperó, visiblemente inquieta.
‑Cuando me fui, te dije que tal vez te decÃa adiós para siempre, pero que si volvÃa hoy te dirÃa quién mató a Lisbeth.
De pronto, todo el cuerpo de Sonia empezó a temblar.
‑Pues bien, he venido a decÃrtelo.