Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Oye, Rodia: lo sé todo… , ¡todo! Me lo ha contado Dmitri Prokofitch. Me ha explicado hasta el más mÃnimo detalle. Te persiguen y te atormentan con las más viles y absurdas suposiciones. Dmitri Prokofitch me ha dicho que no corres peligro alguno y que no deberÃas preocuparte como te preocupas. En esto no estoy de acuerdo con él: comprendo tu indignación y no me extrañarÃa que dejara en ti huellas imborrables. Esto es lo que me inquieta. No te puedo reprochar que nos hayas abandonado, y ni siquiera juzgaré tu conducta. Perdóname si lo hice. Estoy segura de que también yo, si hubiera tenido una desgracia como la tuya, me habrÃa alejado de todo el mundo. No contaré nada de todo esto a nuestra madre, pero le hablaré continuamente de ti y le diré que tú me has prometido ir muy pronto a verla. No te inquietes por ella: yo la tranquilizaré. Pero tú ten piedad de ella: no olvides que es tu madre. Sólo he venido a decirte ‑y Dunia se levantó‑ que si me necesitases para algo, aunque tu necesidad supusiera el sacrificio de mi vida, no dejes de llamarme. VendrÃa inmediatamente. Adiós.
Se volvió y se dirigió a la puerta resueltamente.
‑¡Dunia! ‑la llamó su hermano, levantándose también y yendo hacia ella‑. Ya habrás visto que Rasumikhine es un hombre excelente.