Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Vengo de su casa. He ido a buscarle. Esa mujer ha hecho lo que se proponÃa: se ha marchado de casa con los niños. A Sonia Simonovna y a mà nos ha costado gran trabajo encontrarla. Golpea con la mano una sartén y obliga a los niños a cantar. Los niños lloran. Catalina Ivanovna se va parando en las esquinas y ante las tiendas. Los sigue un grupo de imbéciles. Venga usted.
‑¿Y Sonia? ‑preguntó, inquieto, Raskolnikof, mientras echaba a andar al lado de Lebeziatnikof a toda prisa.
‑Está completamente loca… Bueno, me refiero a Catalina Ivanovna, no a Sonia Simonovna. Ésta está trastornada, desde luego; pero Catalina Ivanovna está verdaderamente loca, ha perdido el juicio por completo. Terminarán por detenerla, y ya puede usted figurarse el efecto que esto le va a producir. Ahora está en el malecón del canal, cerca del puente de N***, no lejos de casa de Sonia Simonovna, que está cerca de aquÃ.