Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑Protéjame, señor. ¿Por qué me acosa este soldado? Ya hemos tenido que librarnos de uno en la calle de los Burgueses… ¿Qué quieres de mÃ, imbécil?
‑Está prohibido armar escándalo en la calle. Haga el favor de comportarse con más corrección.
‑¡Tú sà que eres incorrecto! Yo no hago sino lo que hacen los músicos ambulantes. ¿Por qué te has de ensañar conmigo?
‑Los músicos ambulantes necesitan un permiso. Usted no lo tiene y provoca escándalos en la vÃa pública. ¿Dónde vive usted?
‑¿Un permiso? ‑exclamó Catalina Ivanovna‑. ¡He enterrado hoy a mi marido! ¿Qué permiso puedo tener?
‑Cálmese, señora ‑dijo el funcionario‑. Venga, la acompañaré a su casa. Usted no es persona para estar entre esta gente. Está usted enferma…
‑¡Señor, usted no conoce nuestra situación! ‑dijo Catalina Ivanovna‑. Tenemos que ir a la avenida Nevsky… ¡Sonia, Sonia… ! ¿Dónde estás? ¿También tú lloras? Pero ¿qué os pasa a todos… ? Kolia, Lena, ¿adónde vais? ‑exclamó, súbitamente aterrada‑. ¡Qué niños tan estúpidos! ¡Kolia, Lena! ¿Adónde vais?