Crimen y Castigo

Crimen y Castigo

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Lo ocurrido era que los niños, ya asustados por la multitud que los rodeaba y por las extravagancias de su madre, habían sentido verdadero terror al ver acercarse al gendarme dispuesto a detenerlos y habían huido a todo correr.

La infortunada Catalina Ivanovna se había lanzado en pos de ellos, gimiendo y sollozando. Era desgarrador verla correr jadeando y entre sollozos. Sonia y Poletchka salieron en su persecución.

‑¡Cógelos, Sonia! ¡Qué niños tan estúpidos e ingratos! ¡Detenlos, Polia! Todo lo he hecho por vosotros.

En su carrera tropezó con un obstáculo y cayó.

‑¡Se ha herido! ¡Está cubierta de sangre! ¡Dios mío!

Y mientras decía esto, Sonia se había inclinado sobre ella.

La gente se apiñó en torno de las dos mujeres. Raskolnikof y Lebeziatnikof habían sido de los primeros en llegar, así como el funcionario y el gendarme.

‑¡Qué desgracia! ‑gruñó este último, presintiendo que se hallaba ante un asunto enojoso.

Luego trató de dispersar a la multitud que se hacinaba en torno de él.

‑¡Circulen, circulen!

‑Se muere ‑dijo uno.


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