Crimen y Castigo
Crimen y Castigo ‑¿Qué vas a hacer?
‑¡A ti qué te importa!
‑Vas a beber. Lleva cuidado.
‑¿Cómo lo has adivinado?
‑No es nada difÃcil.
Rasumikhine permaneció un momento en silencio.
‑Tú eres muy inteligente y nunca has estado loco ‑exclamó con vehemencia‑. Has dado en el clavo. Me voy a beber. Adiós.
Y dio un paso hacia la puerta.
‑Hablé de ti a mi hermana, Rasumikhine. Me parece que fue anteayer.
Rasumikhine se detuvo.
‑¿De m� ¿Dónde la viste?
HabÃa palidecido ligeramente, y bastaba mirarle para comprender que su corazón habÃa empezado a latir con violencia.
‑Vino a verme. Se sentó ahà y estuvo hablando conmigo.
‑¿Ella?
‑SÃ.
‑Bueno, pero ¿qué le dijiste de m�
‑Le dije que eres una excelente persona, un hombre honrado y trabajador. De tu amor no tuve que decirle nada, pues ella bien sabe que tú la quieres.
‑¿Lo sabe?